La
dedicación y el acatamiento por lo que hacen, es una de las razones
fundamentales que forjan de estos indígenas algo único y original, a la hora de
mostrar lo que son y lo que hacen en una
ciudad, distinta a la de ellos.
Por: María Antonia Zabaleta
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Vendedoras Wayú. A la derecha: Carmen Alicia Palacios Jusayú. A la izquierda: Nancy Amaya
Gonzales.
Hablar de esta cultura es
para muchos un tema que se convierte en atracción y asombro, puesto que detrás
de estas mantas, un rostro de apariencia malgeniada y una mirada que se pierde
al hilo de sus puntadas, podemos encontrar un ser humano maravilloso que hace
de su labor un don de admirar, pues vivir de lo que forjan, los hace ser
distintos al defender y sobrevivir cada día de su propio trabajo.
Teniendo en cuenta que Santa
Marta es una ciudad para los turistas,
es de asombro ver que no solo los exploradores de cualquier región o país
pueden sobre vivir de ella, pues al
caminar por una de las calles más céntricas, nos encontramos con familias wayú,
que muestran día a día, todo lo que tradicionalmente tienen y venden a personas
que se enamoran de su trabajo.
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