"siéntanse
seguros de que ese es su ritmo, pongan cara de champeteros y caminen
estrafalarios para que no se vean tan niños ricos, ni parezcan chicharrón en ajiaco",decía
Miguel, un cartagenero de nacimiento para que no nos miraran feo.
Por: Juan de la Ossa
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| Posando con Mr Black |
Eran las siete de la noche y algo
más del pasado Domingo 28 de Septiembre, cuando el padre de la Iglesia La
Trinidad de Getsemaní en Cartagena, dice que nos podíamos ir en paz, durante la
ceremonia y mientras tomaba de la mano a María Angélica, mi novia, no hice otra
cosa que pedirle al padre celestial protección y por supuesto que nos alejara
de todo aquello que no era digno de un cristiano.
De repente y transcurriendo sólo
un unos minutos desde que salía del encuentro religioso, el universo en
complicidad con lo mundano parecieran no estar satisfechos con mi purificación
y se valen de Lina, una prima cartagenera que por cosas del destino me invitaba
un rato a casa de sus amigos catalanes, en ese mismo sector que guarda en su
arquitectura la historia esclava y española pero sobre todo el componente que
hace mágico al ‘corralito de piedra’.
